Providencia poniente: De periferia rural a circuito cultural (1ª parte). Por Magdalena von Holt

En la actualidad el sector más antiguo de Providencia, comprendido por una variedad de barrios y urbanizaciones vive un importante proceso de cambio, el que ha despertado el debate entre sus vecinos sobre el futuro de lo que ellos definen como los  barrios Italia, Caupolicán, Infante y Santa Isabel.  Siglos antes que tiendas de diseño y restaurants dieran un nuevo carácter y popularidad al sector, éste fue una extensa zona rural, cuya historia corrió paralela al movimiento y evolución del Santiago colonial, o lo que hoy conocemos como Santiago Centro.

Todo el territorio que en la actualidad abarca las comunas de Providencia, Ñuñoa, La Reina, Las Condes y Vitacura, fue conocido durante los siglos coloniales como Ñuñohue, en voz indígena “Tierra de Ñuños”. Durante el siglo XVI, los conquistadores españoles repartieron encomiendas en los pueblos de indios existentes en los extensos territorios de Ñuñohue, siendo los más conocidos de estos asentamientos los de Apoquindo, Macul, Ñuñoa y Tobalaba. Al llegar los primeros ocupantes españoles, asentamientos y canales de regadío proliferaban en un valle fértil e importantemente poblado. Junto con la entrega de  mano de obra indígena, comienzan las concesiones de chacras y tierras, dando nacimiento a propietarios de grandes extensiones de tierra. La proliferación de predios trajo consigo el nacimiento de callejones, rutas de acceso a las diferentes chacras interiores, los que durante el siglo XX se convirtieron en las principales calles del sector.

Plano de Santiago de Amadeo Frezier. 1712

Llegado el siglo XVIII el panorama es completamente rural, pese a la cercanía que hoy se percibe entre Santiago Centro y el sector poniente de Providencia, en aquellos años éste era un sector periférico, no considerado como parte de la ciudad propiamente tal. Para “atender espiritualmente” a los habitantes de Ñuñohue se creó, en 1662, la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa, circunscripción eclesiástica que durante siglos tuvo jurisdicción eclesiástica sobre el actual barrio. Pese al fin de los pueblos de indios, y con ello de las encomiendas, crece durante este siglo el número de habitantes del sector y con ellos la vivienda popular campesina. Ramadas y ranchos con techo de paja que se convirtieron lenta y espontáneamente en pequeñas aldeas habitadas por gente modesta, españoles pobres, mestizos, mulatos y vagabundos. Junto con los peones de los fundos, los habitantes de las aldeas formarán el paisaje humano de estas tierras, transitando diariamente por polvorientos callejones sobre sus cabalgaduras y carretas; mientras en la extensa campiña el ganado pastaba libremente.

Los grandes propietarios de esta zona consideraban sus chacras como un lugar de descanso donde instalar una segunda vivienda fuera de la ciudad, quienes habitan diariamente estas propiedades eran mayordomos e inquilinos, que se  encargaban de los cultivos, siendo el de la vid el más extendido en aquellos años. Con el tiempo las segundas residencias o casas patronales van cambiando de aspecto e incorporan comodidades y lujo a su arquitectura; se comienza a utilizar cal y ladrillo, construcciones de dos pisos, faroles de hierro en los frontis y adobones para cerrar los sitios. Destaca entre las grandes propiedades la chacra de “Quinta Alegre”, que se extendía por la actual Av. Providencia hacia el sur, entre el sector de Plaza Baquedano y la Av. Seminario, propiedad de Juan Alcalde Gutiérrez, Conde de Quinta Alegre, éste lugar fue un centro de reuniones sociales y políticas durante los años de lucha por la Independencia. Otra de las chacras popularmente conocidas fue la de los Jesuitas de Ñuñoa, extendida entre las actuales avenidas Bilbao, Bustamante, Irarrázaval y Manuel Montt, y que es recordada en la actual calle Jesuitas.

Tajamares del Mapocho. Giovatto Molinelli

Con el incremento de la población la administración central de la ciudad se vio obligada a tomar medidas respecto de la periferia santiaguina, quedando el pago de Ñuñoa subordinado a la nueva subdelegación de Santiago. El cabildo de la ciudad nombró alcaldes de hermandad para perseguir y juzgar delitos en zonas rurales, y mandó construir entre 1792 y 1808, entre las actuales calles Puente y Miguel Claro, los Tajamares definitivos del río Mapocho, los que se convirtieron en un reconocido paseo para la ciudad, incentivando a los santiaguinos a visitar este parte del valle. Los extensos caminos coloniales adquieren mayor importancia, siendo los más usados el Camino de Ñuñoa (actual Av. Irarrázaval) y el Camino de Las Condes o del Tajamar (actual Av. Providencia), ambos de tierra y de difícil transito por los canales que los atravesaban.

Durante el siglo XIX nacen nuevas urbanizaciones, entre ellas la «Población de Avenida Providencia», que luego servirá de cabecera a la futura comuna. A orillas de la Av. de los Tajamares aparecen pequeños centros poblados, talleres de artesanos independientes y despachos de pequeños comerciantes. Para conectar esta incipiente vida urbana con las propiedades interiores de mayor extensión, se delimitan los callejones Lo Pozo, Barraínca, Azolas y Durán, que con el correr del siglo pasarán a llamarse Condell, Salvador, José Manuel Infante y Román Díaz, los dos últimos en homenaje a los propietarios de dichos terrenos. Los grandes propietarios de tierra son quienes definirán en el futuro la morfología de la comuna de Providencia, siendo la iniciativa inmobiliaria privada el motor de su expansión.

Segunda parte artículo.

Tercera parte artículo.

2011-08-15T21:27:29+00:00 2011/08/15|