Crónicas viajeras: Andanzas por Santo Domingo (Segunda parte). María Soledad Caracci Cheyre

Santo Domingo hoy: Una visión subjetiva de la ciudad.

Siempre que voy a un lugar me gusta conocer su cementerio e iglesias, pero también sus museos y bibliotecas. En Santo Domingo la institucionalidad cultural es bastante nueva (post Trujillato) y eso llamó mi atención ya que en Chile es de la segunda mitad del siglo XIX. Hay un gran parque donde se encuentran tres museos, la Cineteca, el Teatro y la Biblioteca Nacional. La educación es pública o privada, no existe ese híbrido subvencionado que hay en nuestro país. Hay varias universidades, y yo pensaba que la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América, era la mejor. Después me contaron por acá que es pésima. Imagínense, la primera universidad del continente, la estatal más grande, no tiene calidad. Los estudiantes acá también protestan. Participé en un simposio que organizaron. Estuvo super bueno. El resto de los días fui a la Biblioteca del Museo de Arte Moderno, ya que la Biblioteca Nacional, recién remodelada, estaba en proceso de fumigación. No hay nada digitalizado. En eso están ahora.

Depósito de la Biblioteca del Museo de Arte Moderno. Noviembre 2012.

La ciudad está pensada y construida para los autos. En Santo Domingo el tráfico es un infierno. La locomoción colectiva es impresentable. Las bocinas suenan sin control. El tránsito está pésimamente regulado y los “tapones” (tacos) están a la orden del día. Pero a pesar de eso, todo goza de una caótica armonía que hace que no se choquen unos a otros todo el tiempo, aunque a mi casi me atropellan como 20 veces por despistada. El transporte público consiste en motoconchos (motos, por supuesto sin casco, así que afírmese bien), carritos (colectivos) y guaguas (mini buses o buses). Es barato andar en locomoción colectiva. Las motos, autos y buses están en pésimas condiciones. Es un problema cuando uno recién llega a la ciudad que nada tiene un recorrido señalado, entonces hay que parar y preguntar si “llega hasta la Núñez” o si “pasa por El Conde”. En general la gente es muy amable y  está dispuesta a explicar al perdido como se llega a un determinado lugar.

Ser peatón o ciclista es casi un ejercicio suicida. No se ve a nadie arriba de una bicicleta y los tramos que las personas transitan por la vereda son muy cortos. Cuando uno pregunta en la calle como llegar a algún lugar y te dicen que es “lejísimos”, queda la enorme duda sobre a qué se refieren. Más de cuatro cuadras ya es considerado “lejísimos”.

El clima es muy caluroso, hay muy poca sombra en la ciudad, estamos en pleno invierno y la máxima está clavada en 32 grados. Hace calor, mucho calor, lo que puede ser desmotivante para el peatón. Pero no deja de ser curioso que un lugar donde se da tanta vegetación tenga una ciudad tan árida. Hay muy pocas veredas apropiadas, que son estrechas y pésimamente mal mantenidas. En los lugares en que son amplias tienen cero sombra. En los lugares en que hay sombra tienen menos de un metro de ancho. En ambos casos están llenas de basura o destruidas y uno se tiene que bajar a la calle para caminar. O en otros casos funcionan como calle para motos o como estacionamientos para automóviles.

Santo Domingo. Calle Bolívar. Diciembre 2012. Ojo que no solo los pueden atropellar cruzando la calle.

Lo anterior nos dice mucho de la falta de políticas públicas y el poco respeto que se tiene por una visión urbanística que proteja y promueva medios “a tracción humana” para moverse en la ciudad. Por otra parte, las modificaciones y reparaciones se hacen pensando en los visitantes, en los turistas, y pocas veces pensando en los habitantes locales y sus necesidades.

Pero si bien la vereda no se usa para caminar, los habitantes de Santo Domingo sí utilizan mucho los (pocos) espacios públicos que hay a su disposición: como hace un montón de calor, la gente está afuera. La acera es un lugar para jugar dominó, los parques están llenos de personas. Las plazas se usan como puntos de encuentro. Los niños están en los museos y parques. Los ancianos alimentando palomas. La gente en la calle conversa o toma una cerveza. Los “colmados” son almacenes que ponen mesas en la vereda, donde uno se sienta a conversar, escuchar música, tomar algo y pasar el rato. La gente es sociable y les encanta conversar. El dominicano se toma los espacios públicos e incluso se ha empezado a manifestar políticamente en las calles. El alza en los impuestos por el déficit fiscal ha hecho a la gente salir a las calles. La exigencia del 4% del presupuesto nacional destinado a la educación está moviendo a los dominicanos. El fin de la violencia de género es el objetivo de movimientos sociales que emergen. Es una ciudadanía que tras fuertes traumas histórico-sociales se está empezando a levantar.

Eso es un vistazo de lo que me he encontré por estos lados. Estuve en San Juan, Puerto Rico algunos días, pero eso es de otra historia. Ahora me encuentro en Ciudad de México, y todo lo que he visto en esta gran ciudad ha sobrepasado mis expectativas.

Ahí les seguiré contando las cosas que voy viendo.

Imperdible: Tomarse una cerveza “Presidente” en un colmado, para pasar la sed de un día bien paseado.

Links de Interés:

Crónicas viajeras: Andanzas por Santo Domingo (Primera parte).

2013-02-27T09:46:53+00:00 2013/02/27|