En diciembre conmemoramos los Derechos Humanos.

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, como un acto que aspiraba a borrar la barbarie cometida durante la Segunda Guerra Mundial a través de la formulación de una serie de derechos considerados inalienables para el ser humano que deberían garantizar que todas y todos puedan vivir sin temor.

En Chile, cuando hablamos de Derechos Humanos, nos remitimos de manera inmediata, por cosas de la memoria, al periodo de la dictadura cívico-militar, momento en que los Derechos Humanos de miles de chilenos fueron violentados de manera sistemática por el Estado, sembrando el terror, uno que permanece hasta el día hoy; y cuyas consecuencias, además de las vidas humanas que se llevó, se encuentran presentes en nuestro cotidiano. Sin embargo, la dictadura no es el único momento en que estos derechos han sido vulnerados y/o violentados; hace muy poco tiempo conocimos el caso aún en investigación de la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca en la Araucanía, que puso de nuevo sobre la mesa de discusión un tema que parecía superado y zanjado, pero que claramente no se encuentra aún garantizado.

Por ésta y muchas otras razones, Cultura Mapocho decidió plegarse a los actos conmemorativos creando un recorrido por Ñuñoa con el fin de reconocer en sus calles y algunos sitios de memoria, los temas vinculados con los Derechos Humanos.

Al iniciar el recorrido, advertimos a nuestros más de 60 participantes, que, a diferencia de otros recorridos, donde el espacio es fundamental, en éste, algunos lugares en realidad se convirtieron en una excusa para tratar ciertos temas que nos parecían fundamentales de poner en tensión. Nos reunimos a la salida del metro Estadio Nacional para dar la introducción al recorrido y comentar el origen de la Declaración Universal de los Derechos humanos, desde ahí, nos trasladamos unos pocos metros hacia el poniente para ubicarnos sobre un centro femenino del SENAME. En este lugar teníamos dos objetivos: hablar sobre los derechos de la infancia y sobre los derechos de la Mujer.

Les pedimos a los asistentes que observaran atentamente la casa destinada a centro femenino del Sename, una en la que los altos muros de latón y los colores fuertes esconden una realidad que sabemos, es descarnada. Hablamos sobre los altos índices de mortalidad infantil registrados en los últimos años en los centros del SENAME y hablamos sobre la protección de los derechos de la infancia y sus garantías. Del mismo modo, abordamos el tema del femicidio como concepto, aclarando el hecho de que se trata de un tema que aborda una cuestión de género, pero que, además, tiene aún limitaciones, como por ejemplo en que el maltrato debe ser cometido por una pareja, de modo que no se le entiende en el sentido amplio de un ataque por el sólo hecho de ser mujer.

Desde aquí nos trasladamos hasta el Estadio Nacional, donde hablamos de su uso como centro de detención y tortura durante la dictadura. Grabamos en vivo la intervención de Julio Alarcón en este lugar que puedes revisar en la bio de nuestro Instagram o en nuestro sitio de Facebook.

Finalmente, nos trasladamos a la Casa Memoria José Domingo Cañas, mantiene vivo el recuerdo de aquellos que fueron torturados, asesinados y desaparecidos por los agentes de la Dina, luego del golpe de Estado cívico militar que derrocó al gobierno de Salvador Allende. Parece increíble que una casa en pleno corazón de la comuna de Ñuñoa haya funcionado como centro de tortura y detención de más de 200 chilenas y chilenos militantes, en su mayoría, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. A pesar de que la casa fue destruida en un intento de borrar la memoria de los sucesos que allí ocurrieron, su historia se mantiene viva a partir de actividades realizadas por familiares, activistas y vecinos del barrio.

2019-01-30T21:35:02+00:00 2019/01/02|