MILITARES EN LA CALLE, LAS JORNADAS DE PROTESTA EN CHILE EN DICTADURA Y DEMOCRACIA

Por Dante Figueroa Abarca

«Nuestro problema no es una ley más o una ley menos, o de una modificación a la existente. Se trata de un sistema completo, económico, social, cultural y político que nos tiene envueltos y comprimidos, que se contradice con nuestra idiosincrasia de chilenos y de trabajadores, que nos ha tratado de asfixiar con armas como el terror y la represión para cada vez envolvernos más, porque nos fue impuesto a la fuerza y con engaño».

(Declaración de los dirigentes del cobre, 1983.)

El escritor norteamericano Mark Twain decía que “la historia no se repite, pero rima”. Efectivamente, los sucesos históricos responden a momentos y situaciones que jamás se repiten pero que, misteriosamente, a veces se parecen y coinciden.

Hace 36 años, de forma similar a lo que ocurre hoy, el país despertó de un letargo temeroso y traumático, que a fuerza de sangre y fuego había impuesto la Dictadura Militar. Una sociedad que, sin sindicatos, partidos políticos, libertad de prensa, ni garantía constitucional alguna, comenzaba a movilizarse. En este escenario, un 11 de mayo de 1983, la Confederación de Trabajadores de Cobre (CTC) llamaba a un paro de 24 horas, por la defensa de del derecho al trabajo y el termino de la legislación laboral impuesta por el exministro José Piñera.

Este hito marcará el inicio de un ascenso del movimiento social chileno que tendrá su máxima expresión entre los años 1983 y 1986. Así, las marchas por el centro de la ciudad de Santiago se volvieron una manera cotidiana de expresar el descontento ciudadano; malestar social al cual la dictadura hacía frente con miles de efectivos de Carabineros y militares en las calles, a los que se sumaban agentes del estado (CNI) e infiltrados en la masa. Además, como indica Patricio Quiroga en su texto: “Las jornadas de protesta nacional historia, estrategias y resultado”, el gobierno intenta acentuar la imagen de un “enemigo propulsor del caos, la anarquía y la violencia marxista”  y que, fracasada como estrategia se transforma en represión directa, la idea era, desvirtuar el movimiento.

Como corolario, la primera Jornada de Protesta Nacional dejó más de 700 personas detenidas, el asesinato de dos jóvenes en La Victoria y Lo Plaza; y la prisión de los convocantes entre los que destacaba el dirigente de la CTC Rodolfo Seguel, todos acusados por la Ley de Seguridad Interior del Estado y con medios opositores de prensa clausurados.

En los meses siguientes, más Jornadas de Protesta Nacional se sucedieron, llegando a sumar once hasta octubre del año 1984. Luego de ello, un prolongado estado de sitio se mantuvo por meses hasta la primera parte del año 1985.

Los días 11 y 12 de agosto de 1984 serán protagonistas de las jornadas de manifestación con mayor represión por parte del Estado, las más dolorosas. El mes anterior se había instaurado el toque de queda que, ya para esas alturas, era una norma. En efecto, en esta cuarta jornada son asesinadas 29 personas, 100 heridos y más de mil detenidos. Los ataques masivos a poblaciones, apaleos, torturas y allanamientos que efectuaron parte de los 18 mil efectivos militares y de Carabineros, será la protesta que en los 17 años de la Dictadura de Pinochet dejará el mayor número de muertos. Esta situación solo es comparable a lo ocurrido en los 9 días que, en democracia, ha tenido Chile en este mes de octubre del año 2019.

Casi como en un remake, el país va al pasado cruzando décadas, la “democracia del oasis de Latinoamérica’», precedida de ineptitud e inoperancia de dirección, saca del baúl la “Guerra de Pinochet” contra al enemigo externo. Esta vez,  en pleno siglo XXI, ya no nos enfrenta con marxistas rusos, sino contra alienígenas. Los militares vuelven a salir a las calles de las ciudades más importantes del país, ahora no con caras pintadas, pero sí, muchos de ellos, al igual que ayer,  sin identificación. Como antaño, la represión se hace manifiesta, los apaleos, los balazos, los perdigones, los abusos, las detenciones, las violaciones, las muertes,  vuelven a aparecer, como en un racconto macabro de la guadaña del dictador.

Los hechos indican que cerca de 10 mil efectivos son sacados a las calle en octubre del año 2019, el Presidente Piñera amparado en la facultad constitucional,  heredada del cuerpo legal de 1980 declara “Estado de Excepción”, delegándole la autoridad de la seguridad al general Javier Iturriaga. Los militares tienen la misión de hacer frente al incendio que cunde y al saqueo, que se suma al terror del avance de hordas de “patipelaos”, rumor que se expande en los barrios periféricos. Al igual que en las Protestas de los ochenta, cuando el régimen militar intentaba desvirtuar con montajes el movimiento social, “pasaban infiltrados por las noches avisando que serían atacados por vándalos de otras poblaciones” (Revista “Análisis”. Nº 65.). Hoy, “las chaquetas amarillas” integrados por vecinos organizados, defenderán sus bienes de un enemigo al acecho.

Algunos han llamado a esta página negra de la historia “la rebelión de los 30 pesos”, otros, “el octubre negro”, una que se continúa redactando y que tras 9 días de protestas, según el Instituto Nacional de los Derechos Humanos ya suma 3.535 personas detenidas, (más de tres veces que en cualquier Jornada de Protesta contra Pinochet), 1132 heridos, muchos de ellos con perdigones en los ojos y pérdida de la masa ocular, 5 querellas por homicidios de un total de 20 asesinatos (algunos de ellos como los cuerpos calcinados en supermercados, con denuncias de montaje), 18 requerimientos legales por violencia sexual y 76 querellas por otras torturas.

Más de dos millones de personas salieron a las calles el sábado  26 de octubre, en Santiago las cifras oficiales hablan de  1.200.000 ciudadanos, solo comparable al triunfo del NO el 5 de octubre de 1988, día en que el “arcoíris” se vio en una Alameda colmada de manifestantes que esperanzados anhelaban una patria justa y democrática. Se pensó que la alegría llegaba, pero tras 31 años, las mismas demandas en la boca de los hijos de aquellos manifestantes se multiplicaron en una protesta, aparentemente sin mucho futuro contra el alza del Metro, pero que crecerá de manera imprevisible  hasta ahora.

Esperemos que la historia, que bien sabemos jamás se repite, en el desenlace de estos sucesos  aún  en curso -al menos en lo que respecta a las peticiones  de equidad social por parte de millones de chilenos-  “no rime”.

2019-10-29T14:24:45+00:00 2019/10/29|