Providencia poniente: De periferia rural a circuito cultural (2ª parte). Por Magdalena von Holt

Con la independencia ya asentada, el país sufre nuevas divisiones administrativas, la Constitución de 1833 nombra a Ñuñoa como una subdelegación rural perteneciente al departamento de Santiago. La nueva subdelegación recibió durante el siglo XIX a cuatro instituciones que, en busca de la tranquilidad de la periferia rural, se ubicaron en grandes extensiones de tierra con cabecera en Av. Providencia: Las religiosas de la Divina Providencia del Canadá y la Casa Nacional del Niño (1854), el Seminario de los Ángeles Custodios (1857), las Religiosas de la Buena Enseñanza o Compañía de María (1871) y el Hospital Salvador (1889).

A fines de siglo se instalaron las primeras grandes industrias como la curtiduría de Alcides Magnére y la Fábrica de tubos de Cemento de los hermanos Grau. Siendo esta zona un lugar extramuros de la ciudad habitada, la instalación de fábricas no representaba mayor molestia, pese al nivel de desechos y olores que se producían en estas faenas. Como testimonio del uso fabril, entre 1922 y comienzos del siglo XXI, los vecinos de Santa Isabel y Caupolicán convivieron con la fábrica de cecinas La Preferida a pocos metros de sus casas.

Una escuela de caballería del ejército instalada en calle José Manuel Infante y un par de molinos completaron el paisaje de la Providencia decimonónica. A partir de 1860 comienzan las divisiones de las grandes propiedades agrícolas y se establecen las primeras líneas de tranvías de sangre (tracción animal) que unieron el sector con el centro de la ciudad. Con la llegada de Benjamín Vicuña Mackenna a la Intendencia y su plan transformador de Santiago, se estableció un Camino de Cintura que rodearía la ciudad habitada, cuyo eje oriente se proyectó sobre la actual Av. Vicuña Mackenna, resaltando la idea de periferia en que se encontraba el sector. El camino significó nuevos loteos al oriente de la ciudad donde la mayor parte de los propietarios instaló quintas de recreo, por lo que la actual Av. Bustamante pasó a conocerse como “el camino de las quintas”. Además, el Camino de Cintura significó la extensión de las céntricas calles Marín y Santa Isabel, que con el tiempo fueron muy necesarias para la comunicación del centro con los nuevos barrios de Providencia.

La anhelada canalización del río Mapocho (1888) y los terrenos ganados al lecho del afluente permitieron la creación de la Plaza La Serena (actual Baquedano) y el ensanche de las rutas de acceso hacia el oriente, facilitando la utilización de tranvías de sangre por la Av. de los Tajamares, zona tradicionalmente utilizada por los santiaguinos: “Por una parte, a causa de la afición de los santiaguinos por los paseos de campo a ciertos lugares de los alrededores adonde se podía oír música, beber y comer. Por otra, a través de los campesinos de los sectores aledaños que viajaban periódicamente a la ciudad para proveerla de frutas, verduras y otros productos alimenticios. Por tanto, se trataba de zonas rurales vecinas muy conocidas por los santiaguinos, lugares que “se recomendaban solos», por lo que la invitación a vivir en ellos, si se daban las facilidades de urbanización y comunicación, tenía muy pocas probabilidades de ser rechazada”.[1]

Estación Pirque. Construida entre 1905 y 1912

A fines del siglo XIX comenzó a funcionar el Ferrocarril a Pirque que corría por la actual Av. Bustamante, y cuya actividad marcó la vida de los habitantes a ambos lados de la línea férrea. Durante las primeras décadas del siglo XX el sector de Av. Bustamante hacia Santa Isabel, compartía mucho de la fisonomía de la limítrofe comuna de Santiago, caracterizada por sus casas de fachada continua y el escaso verde ornamental: “Los niños inundaban las calles entre las empleadas que sacaban sillas para sentarse en la vereda. Existían bares lácteos, para tomar leche malteada, con plátano, yogurt o agregado”.[2]

En 1891, impulsada por Manuel José Irarrázaval, se dicta la ley de Comuna Autónoma, lo que significó que el municipio de la ciudad de Santiago conservara su autoridad dentro del espacio urbano, pero fuera despojado del entorno rural, el que fue dividiéndose en un conjunto de comunas sobre las cuales no tenía ninguna autoridad ni función. La primera comuna en crearse fue Ñuñoa (1894), la cual en un principio poseía grandes extensiones de terreno y contaba con 26.927 habitantes.

Mientras nacen las nuevas comunas rurales y periféricas, en el sector conocido hoy como Barrio Italia continúan los loteos de tierra, casi siempre encabezados por iniciativas privadas que por primera vez proyectan barrios completos mediante una sola operación urbanística. Se crean las primeras poblaciones, las que intentaron recrear un carácter netamente urbano, diferenciándose de las aldeas rurales preexistentes. Las poblaciones Juan García Ballesteros, ubicada entre las calles Emilio Vaisse, Av. Italia, Rancagua y Av. Irarrázaval y perteneciente a la sociedad del mismo nombre, y Salvador, de propiedad de Julio Prado y localizada entre las calles Girardi, Fresia, José Manuel Infante y Av. Irarrázaval nacen en la década de 1890. A petición de los nuevos vecinos la municipalidad de Ñuñoa firmó contrato con la Empresa de Agua Potable y se estableció una nueva línea de ferrocarril de sangre por Av. Salvador. Los avisos comerciales de la época resaltaban la ubicación de las nuevas poblaciones por estar en medio de hermosas avenidas de árboles, encontrarse a 16 cuadras de la plaza de Santiago (Plaza de Armas) y a 6 cuadras del paseo de los Tajamares. La Av. Irarrázaval tenía en esos años construcciones continuas de un piso y las poblaciones que con ella limitaban poseían una fisonomía similar a la del Barrio Yungay.

En 1897 nace formalmente la comuna de Providencia la cual disgrega cuatro subdelegaciones a la extensa comuna de Ñuñoa. El incremento de la población y la vida urbana hace imposible mantener administraciones locales en territorios tan extensos, la nueva comuna cuenta entonces con 13.803 habitantes. En estos años, los caminos de Ñuñoa y Las Condes se transforman en Av. de Ñuñoa y Av. Providencia respectivamente, y los callejones de Lo Pozo y Barraínca son llamados Av. Condell y Av. Salvador, afirmando así las pretensiones urbanas del sector, las que son reforzadas con la apertura de un retén de policía cercano a las poblaciones ya existentes y con el nacimiento del Departamento de Obras de la Municipalidad.

Comenzando el siglo XX la comuna de Providencia se proyecta hasta la Av. Pedro de Valdivia, siendo el sector más cercano a Santiago Centro la zona más poblada. Abundan los loteos de viviendas dirigidas a la naciente clase media en las calles Salvador, Tegualda y Julio Prado. Es durante estos años cuando el tradicional Santiago colonial se hace estrecho e irrumpe en sus periferias, la explosión demográfica de la ciudad se hace evidente. Aún la vida del sector sigue siendo semirrural y hay un escaso comercio que se divide entre buhoneros (vendedores ambulantes), carnicerías y lecherías, estas últimas casi siempre ubicadas al lado de sus respectivos establos. Fue la proliferación de periódicos locales, durante las dos primeras décadas del siglo XX, un factor que colaboró a la formación de una identidad local propia. Entre las publicaciones destacan El Siglo XX, La Comuna Rural, La Propaganda, El Proletario, El Progreso Comunal y La Voz de Providencia. Esta prensa intentó reforzar los nuevos barrios bajo el concepto de espacio público, entrando en competencia con el espacio público tradicional y céntrico; desde entonces el poco visible barrio periférico, será considerado un espacio privilegiado para la formación de una identidad propia: “Proteja su barrio. Compre en sus almacenes. Invierta en sus tiendas. Favorezca sus negocios. Concurra a sus teatros. Frecuente sus paseos. Lea su periódico LA PRENSA de PROVIDENCIA Y ÑUÑOA. Sirve los intereses del vecindario, y no hace política”[3]

En 1901 fue segregado el Distrito de Lo Pozo de la Subdelegación de Providencia, quedando la zona al poniente de calle Condell bajo la jurisdicción del Municipio de Santiago. Siendo Lo Pozo uno de los distritos más poblados de las comunas de Providencia y Ñuñoa, la división significó una importante merma económica para las pequeñas delegaciones rurales, descendiendo Providencia a los 6.000 habitantes. Ese mismo año se produjo también una división eclesiástica quedando el sector bajo la jurisdicción de la Parroquia de San Ramón ubicada en la calle Pérez de Valenzuela. Sólo en 1924 se creó la parroquia de San Crescente, siendo sus límites la Av. Providencia, Manuel Montt, Condell y la línea del ferrocarril a Pirque, e instalando sus dependencias en la ex Capilla de San Agustín (Av. Salvador con Santa Isabel).

Instalación líneas de tranvía. Av. Irarrázaval. 1922

En 1908 se ordenó el alumbrado a gas en toda la comuna, terminando por reemplazar la parafina, aunque dos años más tarde ya se ha firmado contrato con Chilean Tramway and Light, para comenzar a dotar al sector oriente de luz eléctrica, proceso paulatino, pero que despierta gran interés por trasladarse hacia la nueva zona urbana. Los incentivos serán reforzados por la proyección del alcantarillado, la realización de un plano comunal y catastral, la uniformidad paisajística de las primeras avenidas y la incipiente participación de los vecinos en la construcción de sus nuevos barrios. Por esta época la Av. Seminario alcanza Av. Irarrázaval, comienzan a aparecer los tranvías eléctricos “Imperiales” y el adoquinado en las principales avenidas, ya encontrándose trazadas en los mapas comunales la Av. Italia, y las calles Miguel Claro, Luis Beltrán y Tegualda, manteniendo algunas su carácter barroso e intransitables en invierno.


[1] Ramón, Armando de. Santiago de Chile (1541-1991): historia de una sociedad urbana. Santiago: Editorial Sudamericana, 2000. p. 189

[2] Aldunate J., Ana Francisca. 100 años de la Comuna de Providencia. Santiago: Eds. de la Esquina, 1997. p. 85

[3] Prensa de Providencia del 7 de enero de 1934. En Aguirre, Beatriz. “Espacio Público y Arte Cívico en Santiago, 1930-1950. Una lectura a través de proyectos singulares”. Universidad Central. Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje. Centro de Estudios Arquitectónicos, Urbanísticos y del Paisaje. 2005. p. 57

2011-08-15T23:00:53+00:00 2011/08/15|