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Se cumplen 75 años desde la tragedia del Maracanazo

Brasil y Uruguay son potencias del futbol sudamericano, su rivalidad es conocida y podría decirse que es uno de los clásicos del fútbol de este continente. Siete copas del mundo atesoran entre las dos selecciones, con marcada presencia de la “Verdeamarela”. En tanto, veinte y cuatro trofeos continentales acumulan entre ambos, en este caso, con superioridad de la celeste.

Por Dante Figueroa

Brasil es una potencia mundial y el país que más ha ganado mundiales, no obstante, tiene un récord, amargo para su país, jamás ha levantado alguna de sus copas en su propio terruño, a pesar de haber organizado dos mundiales. La última experiencia fue el año 2014, cuando parecía que las posibilidades de campeonar eran ciertas, a pesar de ello, los locales, pasaron a duras penas a penales contra Chile (último mundial que jugamos como país) y posteriormente, perdió en semifinales por goleada contra Alemania, que a la postre fue el campeón de ese certamen. No obstante, la “pena futbolística” y humillación de que fue objeto la “Canarinha” por el 7 a 1, propinado en su propio estadio, no se compara con el inicio de lo que se conoce como su “maldición futbolística”, el Maracanazo del año 1950. 

El primer mundial organizado por Brasil había tenido, una campaña impecable, habiendo jugado cinco partidos, de los cuales solo había empatado uno, en la fase preliminar contra Suiza. Los cuatro triunfos lo mostraban como un equipo contundente que tenía una delantera temible, la cual había marcado 21 goles. Es decir, un promedio de 4 goles por partidos. De hecho, llegaba al partido final (en aquella época se jugaba un cuadrangular) marcando 13 goles en los dos partidos previos con España y Suecia. En tanto, su rival, Uruguay, solo había jugado un partido en la fase inicial y dos en la final, con un empate frente a los españoles, que habían sido goleados 6 a 1 por los brasileños y un triunfo de 3 a 2 contra los suecos.

El solo empate coronaba como campeón del mundo, por primera vez en su historia, a Brasil. Parecía que la mesa estaba servida para el festejo de los 200 mil hinchas y fanáticos que llegaron en masa a ver a su selección ese 16 de julio a las 15.00 horas en el Estadio Maracaná. 

 Es importante señalar que, para Brasil, la copa no solo tenía importancia por ser la primera que se organizaba tras los cruentos años de las Guerras Mundiales, sino que, planteaba un desafío como nación, uno que les permitiera ser reconocidos como un país emergente. El cual mostrara el desarrollo de una naciente industria, la cual querían simbolizar con la construcción del portentoso Maracaná que presentaban, orgullosos al mundo, como el estadio más grande existente hasta entonces.

Parecía que la fiesta era la consecuencia lógica del periplo de Brasil en ese torneo, había confianza, quizás una absoluta certeza, que nada iba a opacar la celebración, y ello se corroboraba cuando el estadio explotó con el gol del delantero local, Friaca a los 47 minutos. 

Foto: Anotando fútbol

El ambiente era tan excesivamente triunfal como lo relata el artículo del periodista brasileño Juan José Torres”El Maracanazo y la prensa”, en donde se observa que el lance deportivo era, prácticamente un trámite, pues la superioridad de los brasileños, que hasta el año 1950, vestían de  blanco, parecía ser incontrarrestable. Tanto así, que antes del partido, el intendente de Río de Janeiro Ângelo Mendes de Morais hizo un discurso en el Maracaná: “Vosotros brasileños, a quien yo considero los vencedores del campeonato mundial; vosotros brasileños que en menos de pocas horas seréis aclamados campeones por millares de compatriotas; vosotros que no tenéis rivales en todo el hemisferio; vosotros que superáis cualquier otro competidor; ¡vosotros que yo ya saludo como vencedores!”.

Sin duda la prensa, contribuyó al escenario de triunfalismo, el día previo a la final, el Jornal dos Sports señalaba: “Todo preparado para la victoria”, también el periódico hacía referencia a las futurras celebraciones, en tanto, el mismo día de la final, el 16 de junio, el titular del Jornal dos Sports mostraba en sus páginas, “A la victoria, Brasil”. Curioso es, que jamás se señalara que, a Brasil, un simple empate le daba la corona mundial. Por eso, cuando a los 66 minutos de juego el uruguayo Juan Schiaffino ponía el empate, los brasileños continuaron atacando y de una contra el puntero de la celeste Alcides Ghiggia, a solo 11 minutos del final del partido, clavará la estocada final, a un Brasil que, herido en su orgullo, atacaba de manera desesperada en pos del empate. Como en una tragedia griega, gol del empate que jamás llegará y será antesala a la mayor de las tristezas que se conozcan en una cancha de futbol.

Lo que pasó después, es fruto de muchas conjeturas y especulaciones, de hecho, mucha información fue omitida, dado que, la prensa brasileña, no circuló el día posterior al partido, pues probablemente tenía sus titulares, con la imagen de “Brasil campeón” y, por tanto, esperaban la foto de los festejos, aquellos que jamás llegaron. Solo días después, el diario Mundo Esportivo describe así la decepción: “Lo mejor es que nos olvidemos de la tragedia que se abatió sobre el fútbol de Brasil. (…) las terribles pesadillas, ¿quién no las desea olvidar? “. No se habla del resultado, pero se repiten los conceptos de drama y tragedia.

Muchos de los pormenores de ese partido, hasta hoy, se comentan, y calaron más hondo en Brasil, que en el Uruguay. Dejando este hito deportivo en los anales del futbol mundial para el recuerdo y con muchas historias sueltas que han pasado a convertirse en parte del mito urbano de esa copa mundial. Una de estas historias habla de que, los brasileños tenían bajo la tricota blanca (nunca más se volvió a usar ese color para una selección) una de recambio que tenía estampada la palabra “campeones” o los miles de afiches hechos, y olvidados en una imprenta, que llevaba impresa la imagen del campeón o los 11 autos que esperaban a cada uno de los jugadores brasileños al fin del partido para recorrer la ciudad, que pensaban que sería un carnaval, uno que jamás llegó.

Foto: Anotando Fútbol

Mención aparte, es el rol de los jugadores uruguayos, que, liderados por Obdulio Varela ganaron esa copa, ¿nace ahí la garra Charrúa? Los celestes jamás se sintieron parte de la fiesta organizada, y solo jugaron, tal como lo dijo Varela, en el camarín, “Salgan tranquilos, no miren para arriba. Nunca miren a la tribuna… el partido se juega abajo” “Somos 11 contra 11” o “los de afuera, son de palo.” Sentencias, que intentó aplicar en el transcurso del partido, pues Varela, la leyenda charrúa, se metió al bolsillo, a la hinchada y al estadio mismo, molestando al rival, o haciendo tiempo, si era necesario. Los uruguayos jugaron con la desesperación de los locales, y la predicción de “el negro jefe”, como le apodaban, se cumplió llegado el pitazo final.Pero, el desenlace fue en extremo dramático, no había celebraciones, ni de los mismos vencedores, que, si bien se abrazaron, quedaron perplejos al ver tendidos en el césped del Maracaná a los brasileños que lloraban desconsolados, viendo como parte de la multitud ingresaba al campo, intentando buscar respuestas. La copa fue entregada, sin ceremonias y a la rápida, por el presidente de la FIFA, Jules Rimet, por cierto, no hubo vuelta olímpica. Los vencedores se fueron casi corriendo a su hotel, estaban desorientados por el desenlace. Ya al fin del día, algunos jugadores salieron a beber por noche y encontraron un país devastado, Juan Schiafino, el autor del primer gol uruguayo, recordó: “Lloraban todos, nunca vi algo así” y Obdulio Varela, admite: “Sentí tanto por haber ganado. Fue una barbaridad. Claro que todo equipo desea ganar, pero la tristeza que en seguida era palpable en las calles impresionaba. Creo que fue una injusticia”.

2025-07-17T12:26:29-04:00 2025/07/16|